Pintar o inyectar el garaje no elimina el agua

La idea central de Preasa es sencilla: «si no hay agua, no hay humedad». En un garaje o sótano el problema casi nunca es la pintura del muro: es el agua que satura el subsuelo —nivel freático, escorrentía, retención por una pantalla o una fuga— y que acaba en forjados, soleras y fosos.
Los tratamientos habituales ocultan el síntoma. El soporte deja de «llorar» un tiempo y la mancha reaparece unos metros más allá. En comunidades eso se traduce en derramas repetidas y, a menudo, en una ITE desfavorable. Este artículo explica, técnica por técnica, por qué ocurre.
Qué le pasa al agua cuando se tapa el muro
Un muro de sótano no se moja porque el agua caiga sobre él, sino porque el terreno del trasdós está saturado y empuja. Esa presión hidrostática es una fuerza real que se mide y que crece con la altura de la lámina de agua: por cada metro de columna, unos 10 kN por metro cuadrado de muro.
Cuando se aplica un tratamiento por la cara interior, esa presión no desaparece. El agua sigue en el mismo sitio, con la misma energía, y lo único que ha cambiado es que el camino que usaba está cerrado. Así que busca el siguiente: la junta de hormigonado, la coquera, el paso de una instalación, el encuentro con la solera, el pilar contiguo. El síntoma se desplaza; el problema no se ha tocado.
Peor aún, el agua confinada tiene tiempo. Disuelve las sales del hormigón y las arrastra —esas eflorescencias blancas del muro son material que antes estaba dentro—, y si alcanza las armaduras inicia una corrosión que sí es irreversible.
Técnica por técnica
Pintura y revestimientos «antihumedad». Son barreras de unas décimas de milímetro pensadas para resistir salpicaduras, no una columna de agua empujando desde atrás. Ceden por adherencia: el agua las despega desde dentro y aparecen ampollas antes que manchas.
Morteros obturadores y cemento rápido. Funcionan, y bien, para cortar una vía de agua concreta durante una obra. Como solución definitiva trasladan el caudal al punto débil más próximo, que suele estar a menos de un metro.
Inyección de resinas y geles. Rellenan la fisura por la que entra el agua y sellan ese conducto. El problema es que la fisura era la salida, no el origen: cerrada una, el terreno saturado abre otra. En muros con varios frentes de entrada se convierte en una persecución.
Láminas impermeabilizantes por el interior. Una lámina trabaja bien cuando el agua la empuja contra el soporte, como en una cubierta. Bajo rasante colocada por dentro trabaja al revés, con la presión intentando separarla del muro, que es precisamente su punto débil.
Cámaras bufas y trasdosados ventilados. No pretenden quitar el agua sino convivir con ella: se deja llegar al muro y se ventila la cara vista. Mientras el caudal sea pequeño puede aguantar años. Cuando crece, la cámara se sobrepasa y el agua reaparece por arriba o se transmite al forjado.
Chapas, bandejas y canalones de ocultación. Son honestos en su planteamiento —recoger y conducir lo que cae— pero dejan el muro permanentemente mojado detrás. La degradación continúa donde nadie la ve, que es la peor forma de que continúe.
Lo que encontramos cuando llegamos después
En nuestro archivo hay expedientes en los que la comunidad deja constancia escrita de haberlo intentado antes: revestimientos aplicados para tapar las filtraciones, inyecciones de resinas, sellados, rejillas, zócalos. La anotación técnica que se repite es literal, «actuaciones previas sin resultado». En un caso la lesión llegó a sobrepasar la cámara que la ocultaba y a transmitirse horizontalmente por el forjado, con oxidación de armaduras. En otro, las filtraciones persistían pese a obras anteriores y acabaron provocando un dictamen desfavorable en la ITE.
Ninguna de esas actuaciones estaba mal ejecutada. Todas actuaban sobre la cara interior del cerramiento y ninguna sobre el agua que estaba detrás.
El orden correcto
Primero un diagnóstico veraz: reconocimiento higrométrico y termográfico, comprobación del origen del agua y del punto de descarga disponible, sin obras innecesarias. Después, la actuación sobre ese origen. Invertir el orden —pintar y luego ver qué pasa— es lo que alarga el siniestro y multiplica su coste.
El Sistema Mulmico®, patentado y del que Grupo Preasa es aplicador exclusivo en España, hace lo contrario que todo lo anterior: no tapa el agua, la retira del trasdós y la conduce por gravedad a un punto de descarga. Lo explicamos en cómo funciona en un garaje y en la ficha de Sistema Mulmico®; el encaje en parkings, en sótanos y garajes.
Somos una empresa de humedades en Madrid con obra propia desde 1880: en la página de Madrid explicamos por qué el subsuelo de la ciudad produce este tipo de filtraciones. Y si quiere entender de dónde sale el agua, está en por qué se filtra agua en los garajes comunitarios.
Si el garaje de su comunidad vuelve a mojarse cada temporada, pida un diagnóstico: contacto · 91 401 59 64 · 616 463 962 · preasagrupo2@gmail.com